* Publican libro para exponer el fenómeno en sus diferentes aspectos, desarrollo histórico, conceptos teóricos y aplicaciones tecnológicas.
Redacción RD:
CDMX agosto 2108.- Se dice que en el origen del
universo había una misma cantidad de materia que de antimateria, los mismos
electrones que de positrones o de protones y antiprotones, pero los físicos de
partículas o de altas energías se preguntan por qué después del Big Bang solo
quedó materia y este fenómeno es uno de los grandes misterios de la
naturaleza.
“Si se
dio una combinación entre ambos no debería haber nada, de hecho la pregunta es
por qué hay algo en el universo en lugar de nada, por qué sí hay materia en lugar de
antimateria”, cuestionó Luis Manuel Montaño Zetina, investigador del Departamento de Física del
Cinvestav, quien participó en la
edición del libro “Antimateria, la materia efímera”,
que expone diversos aspectos sobre el tema.
Se
piensa que en algún momento hubo un desequilibrio entre esas cantidades de
materia y antimateria, que por alguna razón había una partícula más de materia
que de antimateria, de entre miles de millones, que al recombinarse finalmente
solo quedó materia, sostuvo Montaño Zetina.
La
antimateria es, por así decirlo, la materia conocida pero con varias
propiedades diferentes, en espacial la carga eléctrica y que no existe en la
naturaleza porque al contacto con la materia se aniquila. Los científicos
intentan descubrir porque prevaleció la materia sobre la antimateria.
Esta
última es aquella equivalencia que hay entre lo que conocemos, lo tangible; el
universo se compone por átomos que se conforman por protones, electrones y
neutrones, se denomina materia; sin embargo, hace un siglo los físicos
descubrieron que existían esas mismas partículas pero con propiedades
contrarias, como la carga eléctrica o algún momento magnético.
Entonces
para diferenciarlas, porque son prácticamente la misma partícula, pero con
carga contraria, se les llamó antipartículas, por ejemplo el electrón es
estable, nunca desaparece y se encuentra en todos los átomos, tiene su
equivalente llamado positrón, también estable, pero como tiene carga contraria
al contacto con algún electrón se aniquilan y da lugar a energía, es decir,
desaparece la materia y se forma energía.
El
problemas tecnológico que enfrenta la antimateria no es su creación, ya se
crean en cantidades pequeñas, unos cuantos microgramos, la dificultad es
poderla mantener atrapada a en el vacío, en una región limitada en el espacio,
para que no se aniquile cuando entre en contacto con la materia.
Si se
maneja la antimateria de alguna fuente radiactiva que emite positrones o
electrones positivos, se puede hacer interaccionar con los electrones para que
se aniquilen y generen energía, medible o detectable en algún punto, para crear
un mapa de algo; por ejemplo, la tomografía por emisión de positrones, permite
realizar mapas del cerebro o de tumores sin necesidad de abrir al paciente.
Además
del diagnóstico, también hay tratamiento con la tecnología de antimateria para
eliminar tumores con técnicas de radiación con partículas o antipartículas
lanzada al paciente en un punto determinado; esto se logra a través de la
aniquilación de la partículas, si se aplica antimateria como positrones e interacciona
con el tumor después de un tiempo lo va destruyendo, esta es una manera de
combatir el cáncer.
A futuro
una idea entorno a la antimateria es que al tener una buena cantidad y al
combinarla con materia se podría generar una gran cantidad de energía, con una
porción del tamaño de una hoja de papel sería suficiente para iluminar una
ciudad por meses; si esto se aplicara a la exploración del espacio los cohetes
podrían tener energía para viajar grandes distancias.
La
energía producida con la antimateria sería limpia sin producción de no
residuos, porque es resultado de una aniquilación, ese es su gran potencial, de
ahí que la ciencia básica, aplicada y los desarrollos tecnológicos están muy
interesados en ella.
El libro “Antimateria, la materia efímera”,
publicado por la Editorial Porrúa, fue escrito por los investigadores mexicanos
Luis Manuel Montaño Zetina, Alejandro Ayala y María Elena Tejeda,
además del colombiano Jorge Luis Navarro, su redacción es
dinámica, divertida y de fácil lectura comprensible para estudiantes secundaria
hasta niveles avanzados, para los interesados en la parte matemática y los
aspectos teóricos más formales.