* Es un clamor para enfrentar la crisis de las desapariciones forzadas. En el país existen más de 74,000 personas no localizadas, según datos de la Comisión Nacional de Búsqueda. De 2006 a junio 2020, se han encontrado 3,978 fosas clandestinas, en las que se han exhumado 6,625 cuerpos.
Redacción RD:
CDMX 19 agosto 2020.- La desaparición forzada de personas,
cometida por fuerzas del Estado o por particulares, es uno de los principales
problemas en la agenda pública de México. Se le considera una violación grave
de derechos humanos y un delito continuo, pues implica el desconocimiento del
paradero de una persona y el sufrimiento constante de sus familiares.
Sin
embargo, el Estado mexicano no tiene la capacidad para lidiar con
un problema tan complejo, el cual, para colmo, ha desaparecido de la agenda
política. Tal es una de las conclusiones principales de la Mesa de Análisis
#PuntoporPunto, organizada por México Evalúa y la Fundación Frederich Naumann.
Esa
debilidad institucional contrasta dramáticamente con la realidad detrás de
números abrumadores: al 18 de agosto de 2020, se tiene
registro de 74,694 personas desaparecidas, resultado de una tendencia
creciente en la incidencia de este delito, observada desde 2007. De 2006
a junio de 2020 se han identificado 3,978 fosas clandestinas,
de las que se han exhumado 6,625 cuerpos.
“Si hay
una herida que reclama sanación a través de la justicia es la de miles de
mexicanos que cada año se reportan como desaparecidos. Son muchos, y son
padres, madres, hermanas, hermanos e hijos que no han regresado. La única forma
de hacer justicia a esos mexicanos y sus familias es a través de
investigaciones serias, profesionales y que conduzcan a la verdad”, expresó Edna
Jaime, directora de México
Evalúa, a modo de introducción a la mesa.
Ese
reclamo, aunque urgente, está lejos de atenderse, a la vista de las
deficiencias en operación y resultados del aparato institucional de
investigación criminal que, según el Comité de la ONU contra la Desaparición
Forzada, adolece de falta de autonomía, ausencia de trabajo de campo, falta de
medios de prueba científicos y ausencia generalizada de una estrategia
integral.
Representantes
de dos fiscalías locales participaron en la Mesa, para dar a conocer
innovaciones en su trabajo. José Ángel Herrera, fiscal de personas desaparecidas del estado
de Coahuila, reconoció el papel preponderante de los colectivos de
víctimas, actores que han logrado poner las desapariciones en la agenda pública
del estado. Eric Alonso, titular de la Unidad de Búsqueda Inmediata de Personas
no Localizadas de Querétaro, subrayó la importancia de dar una atención
diferenciada a la demanda, condición para dar respuesta pronta a los casos de
desaparición.
Karla Quintana,
titular de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, describió un problema
estructural: la forma incompleta en que las comisiones y los mecanismos de
búsqueda están insertados en la sociedad, más allá de la ley que las creó. Una
muestra que: las fiscalías suelen tener resistencia a las comisiones; las
consideran un auxiliar, y “somos órganos iguales que tenemos que trabajar de
manera coordinada”. Además, es fundamental “darle institucionalidad al derecho
de toda persona a ser buscada, que no se puede subsumir dentro de una
investigación”.
La falta
de colaboración entre comisiones y fiscalías también fue uno de los temas de
Grace Fernández, consejera del Movimiento por Nuestros Desaparecidos. Ante tal
descoordinación, las familias de los desaparecidos se ven obligadas a realizar
ellas mismas las funciones de investigación y búsqueda, y por muchas leyes que se
expidan algunas valiosas, como la Ley de
Exhumación e Identificación Forense en Coahuila, la incapacidad institucional
redundará, por ejemplo, en una gran cantidad de exhumaciones, pero una muy
pequeña de identificaciones.
Margarita
Griesbach, titular de la Oficina para la
Defensoría de los Derechos de la Infancia, señala que, lamentablemente, los hechos delictivos
complejos implican una investigación “fuera del cajón de la carpeta
particular”, es decir, una mirada amplia, una búsqueda de patrones, algo que
choca con la lógica estrecha de las fiscalías especializadas.
Hay un
lastre inmenso en la investigación de las desapariciones: una narrativa nociva
que no se ha logrado desterrar. Humberto Guerrero, coordinador del Programa de
Derechos Humanos y Lucha contra la Impunidad de Fundar, ubica su origen en los
tiempos de la Guerra Sucia en los años 70, y la resume así: “Los desaparecidos
desaparecen porque en algo andaban”. Es decir, una narrativa que considera que
las vidas de los que están desapareciendo valen menos.
Por su
parte, Jacobo Dayán,
especialista en justicia transicional y derechos humanos, aportó
contundencia: “No tenemos un sistema ni de justicia ni de reparación, ni de
verdad ni de búsqueda. Tenemos un pegote de instituciones ordinarias que
tardarán años en funcionar, con dos sistemas extraordinarios que hoy operan
mal: el Sistema Nacional de Atención a Víctimas y el Sistema Nacional de
Búsqueda”. A final de cuentas, en todas las investigaciones lo que se busca es
resolver el caso y no descubrir el fenómeno. “Jamás se asciende en la escala de
la organización criminal ni de la organización política”.
Edna
Jaime cerró con una voz de alarma: el primer reto en la atención urgente de la
crisis de desaparición de personas es político. Simplemente no está en la
agenda de gobierno. Puedes recuperar el encuentro en
https://www.youtube.com/watch?v=_FuBMfU_rYc .