* Biotecnólogos del Cinvestav plantean cómo pueden aplicarse para resolver problemas agrícolas en un libro que estará disponible gratuitamente on line.
REDACCIÓN:
CDMX enero 2016.-
¿El maíz transgénico amenaza a las mariposas Monarca o puede destruir a los
maíces nativos del país? ¿Los cultivos de organismos genéticamente modificados
pueden aliviar el hambre en el mundo y beneficiar a agricultores y
consumidores? ¿Estos productos causan cáncer u otras enfermedades graves en
humanos y animales?
Tres
biotecnólogos del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav)
responden a este tipo de inquietudes con datos basados en evidencias
científicas en el libro Estado actual de los cultivos genéticamente modificados
en México y su contexto internacional.
En la
obra editada por Porrúa y que estará disponible gratuitamente on line los
autores Diego Fernando Gutiérrez Galeano, Roberto Ruiz Medrano y Beatriz
Xoconostle Cázares abordan diversos tópicos: desde los retos del campo
mexicano y el manejo e impacto de los cultivos con organismos transgénicos
hasta su marco regulatorio y aspectos de bioseguridad.
“Hemos
participado en un buen número de debates sobre transgénicos, pero al hacer el
libro pensamos en abordar este tema desde un punto de vista estrictamente
científico y al tiempo derribar los mitos que existen al respecto”, explicó la
doctora Xoconostle Cázares, investigadora
del Departamento de Biotecnología del Cinvestav.
La
especialista, quien estudia procedimientos de mejora genética para producir
plantas resistentes a sequía, señaló que avances como la edición de genes, que
permite hacer cambios muy rápidos en un punto preciso del genoma, abren la vía
para realizar pequeñas modificaciones con grandes resultados.
Al
presentar el libro, Agustín López Munguía,
del Instituto de Biotecnología de la UNAM, señaló que como consecuencia de
la desconfianza de la gente hacia los transgénicos se exige una mayor
regulación que en México afecta principalmente a los grupos académicos como el
de los autores, que buscan realizar desarrollos que respondan a problemas
locales.
“Desafortunadamente,
los medios de comunicación que hablan de las ratas de Seralini no mencionan que
en Estados Unidos hay vacas, chivos o cerdos que llevan más de una década
comiendo soya o maíz transgénico y no les ha aparecido ningún tumor”, expresó
el académico universitario.
Roberto Ruiz Medrano subrayó que entre los mitos
sobre los cuales se sustentan las críticas al desarrollo de organismos
genéticamente modificados hay falsas contradicciones como natural-artificiales,
biodiversidad o uso de ingeniería genética o cultivos orgánicos versus
transgénicos.
Sin
embargo, aclaró que los genes no son “cajas negras”: “el sistema digestivo
humano no distingue entre un transgen y otro gen nativo. Lo que importa es si
ese gen tiene información para producir RNA o proteínas”, explicó.
Mencionó
que existen muchas otras tecnologías, como el internet o los microchips, que
generan un importante efecto negativo en el medio ambiente, pero no son
cuestionados como los transgénicos, porque se asume que las mejoras que
producen en nuestra calidad de vida tienen un costo.
Por su
parte Diego Fernando Gutiérrez Galeano
recordó que según las estimaciones de la ONU, el planeta tendrá unos 9 mil
millones de humanos hacia el 2050, es decir, 2 mil millones más con respecto a
la cifra actual, lo que significará un aumento de 30 por ciento de nuestra
población.
Sin
embargo, advirtió el bacteriólogo egresado de la Universidad del Valle en Cali,
Colombia, la demanda de alimentos crecerá en una proporción mucho mayor, a
niveles de hasta 250% debido a factores como mayor poder adquisitivo de las
poblaciones. Sin las herramientas de la moderna biotecnología no podrá lograrse
esa producción sin deteriorar más el ambiente, argumentó el científico del
Cinvestav.